El hambre en el mundo
En América Latina y el Caribe más de 52 millones de personas – el 10 por ciento de la población - aún sufren desnutrición o hambre. Todos esos millones de personas son parte de un drama humano que se puede y debe resolver.
Paradójicamente, esta Región es la mayor exportadora de alimentos del planeta. Esto demuestra que la causa principal de la subnutrición en la región no está en la falta de capacidad para producir alimentos, sino en la mala distribución y en la falta de acceso de los más pobres a estos bienes. Es, al final, una consecuencia de las enormes desigualdades en la distribución de la riqueza.
Hay que decirlo: hay espacio para la esperanza. Según las tendencias actuales, la Región está en camino de cumplir el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio, que es reducir el hambre a la mitad para el año 2015. Para reforzar esa meta y llevarla aún más lejos, se ha creado la Iniciativa América Latina y el Caribe sin Hambre, que espera erradicar por completo este flagelo en una generación.Catorce por ciento de la población de la región no tiene ingresos para procurarse una alimentación mínima, y muchos más son vulnerables a los efectos de los problemas económicos y los desastres naturales, advierten expertos ante la Cumbre Mundial en Roma.
SAN JOSE,- Setenta y dos millones de personas, 14 por ciento de los 516 millones de latinoamericanos y caribeños, viven en pobreza extrema y sufren las secuelas del hambre, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA).
La desnutrición afecta a 54 millones, tanto en zonas rurales como urbanas. Haití, en el Caribe, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, en América Central, y Argentina, Colombia y Perú, en América del Sur, son los que experimentan situaciones agudas, aseveró el PMA, de cara a la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, que se celebrará en la capital italiana del 10 al 13 de junio.
El Nuevo Modelo de Desarrollo Agrícola
Por Jacques Diouf*ROMA.- Aunque durante la pasada década los suministros de alimentos a nivel mundial se han incrementado más rápidamente que el crecimiento global de la población, la inseguridad alimentaria sigue siendo de grandes proporciones.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que unos 824 millones de personas, 93 por ciento de los cuales vive en países en desarrollo, no tienen suficientes alimentos para satisfacer sus necesidades básicas.El problema no radica en el aumento de la oferta de alimentos sino en su distribución geográfica y en la falta de acceso a ellos.
Las personas afectadas tienen un acceso limitado a los recursos productivos e ingresos tan bajos que no pueden adquirir la comida que necesitan. Además, otros millones de personas sufren las consecuencias de emergencias alimentarias temporales como consecuencia de desastres naturales o provocados por los hombres, incluyendo un número cada vez más alto de conflictos armados. El desarrollo rural es, por lo tanto, absolutamente esencial para combatir esas situaciones pues la gran mayoría de la gente que sufre de hambre crónica o temporaria vive en áreas rurales.
Aunque la proporción de la población mundial que vive en zonas rurales ha ido declinando, su número absoluto es de más de tres mil millones de personas y se espera que siga a ese nivel por lo menos durante los próximos 30 años.
La seguridad alimentaria existe cuando todas las personas en todo momento tienen acceso a suficientes alimentos, tanto en términos de cantidad como calidad. Sin embargo, para millones de personas este tipo de seguridad no existe.
Una amplia mayoría de los desnutridos vive en Asia, que todavía cuenta con dos tercios del número total de ellos, aunque se han registrado progresos espectaculares en el Este y en otras regiones del continente.
En África, al Sur del Sahara, vive 23 por ciento de las personas que padecen hambre en el mundo. En esta atormentada zona ha habido un incremento del número total de afectados por la desnutrición.
Sin embargo, es digno de destacar que, en el período que va desde 1980 a 1996, cinco de los trece países en los que fue posible reducir sustancialmente la proporción de inseguridad alimentaria están en África.
De modo que hay signos esperanzadores. En aquellos países, la agricultura es el motor del crecimiento. En algunos de los países más pobres, esa actividad genera entre 30 y 50 por ciento del producto nacional bruto, emplea entre 70 y 80 por ciento de la fuerza laboral nacional y aporta de 40 a 70 por ciento de los ingresos provenientes de las exportaciones.
Un desafío especial para las áreas rurales es el que las fuentes del crecimiento agrícola deben experimentar un cambio fundamental. El pasado modelo consistente en expandir el territorio agrícola está llegando ya a sus límites. Cerca del 80 por ciento del crecimiento de la producción agrícola deberá venir ahora de una intensificación sostenible.
Harán falta mecanismos que faciliten la adopción de las tecnologías existentes para aumentar la producción y a ello deberá agregarse la realización de una sustancial investigación científica en el campo de la agricultura para que este cambio de rumbo sea económicamente atractivo y amistoso con el ambiente.
La degradación de la tierra agrícola y la disminución de la fertilidad del suelo continúa siendo una amenaza, especialmente en los países en desarrollo. El problema es más agudo en el África subsahariana. En el Sur de Asia, el deterioro de la tierra cuesta alrededor de diez mil millones de dólares anuales debido a la pérdida de producción. Si no se hacen inversiones ahora mismo en la rehabilitación y conservación de las tierras, mañana el costo será mucho mayor.
Mientras se está poniendo marcha una nueva ronda de negociaciones multilaterales sobre el comercio agrícola, en algunos países de altos ingresos se siguen manteniendo importantes niveles de protección a sus propios productores. Este respaldo puede ser medido por el hecho de que países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) hicieron transferencias a su propio sector agrícola del orden de los 360 mil millones de dólares en 1999.
Muchos países en vías de desarrollo han emprendido ya, por su lado, reformas que no sólo contribuyen a reducir distorsiones en los mercados mundiales sino que además han servido para reducir anteriores frenos sufridos por sus propias agriculturas.
Pero esos esfuerzos no serán efectivos a menos que sean apoyados por las correspondientes reducciones de las distorsiones en los países de altos ingresos.
En este nuevo siglo, muchos países poseen suficientes conocimientos para hacer que el desarrollo rural conduzca hacia la seguridad alimentaria. El éxito vendrá a través de los esfuerzos que se hagan tanto a nivel nacional como internacional.
Mientras la globalización continúa a toda prisa, deben ser mejorados los sistemas de intercambio entre las naciones sobre la base de las normas internacionales, teniendo siempre a la vista el bienestar de la población rural a lo largo y ancho del mundo.
* Jacques Diouf es el Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO.Los países industrializados acordaron El viernes otorgar al menos 15.000 millones de dólares en tres años para sostener el desarrollo agrícola en los países pobres.
Los líderes de 40 países y de Organizaciones internacionales se empeñaron "en movilizar al menos 15.000 millones de dólares en tres años para sostener el desarrollo rural en los países pobres", expresa la declaración final.
Señala que "alarmados por el creciente número de personas desnutridas y por el nivel inadecuado de inversiones en la agricultura, han promovido, posteriormente, las inversiones y mejorar la eficacia de las ayudas".
Los "problemas de la alimentación en el mundo representan el tema más importante del G8", lo expresó el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, al abrir la última sesión.
No todo el dinero de la iniciativa son fondos nuevos y estos serán distribuidos durante un período de tres años. Las Naciones Unidas celebraron el anuncio de la nueva estrategia como un cambio importante respecto a la mentalidad tradicional de enforcarse en enviar ayuda alimentaria de emergencia. Grupos que luchan contra la pobreza, sin embargo, dijeron que los fondos son insuficientes.
La estrategia busca facilitar a los campesinos pobres producir más de sus propios alimentos mejorando productividad, en lugar de centrarse en la entrega de ayuda. El plan toma un nuevo enfoque en un asunto -seguridad alimentaria- que ha emergido recientemente como una amenaza a la estabilidad política.
La declaración del viernes señala que es una prioridad absoluta aprobar la iniciativa "en vista del crecimiento de la población del planeta en los próximos 20 años en el orden de los dos millardos de personas".
Se estima que Washington contribuirá con 3.000 millones de dólares a la iniciativa y París con 2.000 millones, dijeron los delegados.
En un comunicado separado, los mandatarios dijeron que es importante aumentar el acceso al agua y los sistemas sanitarios.
La seguridad alimentaria, o asegurar el acceso adecuado a los alimentos, se ha convertido en el centro de la agenda política ultimamente. Los altos precios de los alimentos provocaron disturbios el año pasado en algunos países, algunos violentos.
Mil millones de personas padecen de hambre en el mundo, de las cuales, 700.000 se encuentran en áreas rurales, según dijo en la víspera a la AP el director de la FAO, Jacques Diouf. La cumbre se efectuó del miércoles al viernes en la ciudad de L'Aquila, la más afectada por el terremoto que devastó el centro de Italia el pasado 6 de abril.






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